mamá

Me convertí en mamá en el mismo instante en el que la prueba mostró un positivo, recuerdo que tuve una mezcla de sentimientos y emociones, estaba feliz. Gasté todo el día pensando en cómo sería, cuándo lo tendría en mis brazos y tocaba mi estómago disimuladamente cada vez que podía. 

Al día siguiente, entré en pánico y lloré mucho. Cómo iba a cuidar a una persona tan pequeñita si, a veces, no puedo cuidarme ni a mí misma. Y no fue la única vez que lloré, siguieron muchos días de pánico.

Llegó el día del primer chequeo médico y fue ahí cuando vi por primera vez a mi bebé. Era una cosita tan pequeñita que tenía el tamaño de una lenteja (de ahí su primer apodo: lentejita). 

Y no sólo vi a la lentejita, sino que esa cosa tan pero tan diminuta ya tenía un corazón y pude escucharlo latir por primera vez. Por unos segundos, sólo quedamos la lentejita y yo en esa sala. Escuchar el corazón de mi bebé hizo que todos mis miedos pasaran a segundo plano y que cayera en cuenta que ese pequeño ser me había escogido a mí para ser su mamá. Nunca me había sentido más afortunada.

Los vómitos empezaron un día muy peculiar, el día de mi cumpleaños. Recuerdo que vomité antes de ir a mi cena de festejo y regresé a vomitar después. De ahí en adelante no paré hasta los 4 meses. Vomitaba alrededor de 6 a 8 veces al día. Me sentía tan débil y cansada todo el tiempo. Los primeros meses fueron mi martirio, incluso recuerdo que alguien después me dijo: “Esos meses tenías cara de que te querías morir”.

Las hormonas son una cosa horrorosa durante el embarazo, lloraba hasta porque la mosca volaba. Cambiaba de humor cada dos segundos. Creo que ni yo me soportaba a veces. Pasé de ser la persona más paciente de este mundo, a ser la persona con -100 de paciencia y tolerancia.

Los siguientes meses fueron bien hasta que llegué al noveno mes, donde me sentía una ballena. No podía pararme sin agarrarme de algo o alguien, ni pensar en ponerme medias sola. Además, caminaba más lento que una tortuga. El dolor de espalda se convirtió en mi mejor amigo. Lo único que hizo que no me volviera loca, era el saber que pronto tendría a mi bebé en brazos. 

Rompí fuente un sábado a las 4pm y ni siquiera tenía la más mínima idea de lo que iba a sufrir las siguientes 12 horas. Eran las 3am cuando, en ese momento creía que si aguantaba una contracción más iba a morir, sentía como si alguien estuviera rompiendo mis huesos por dentro, lenta y dolorosamente. Finalmente a las 03h21am nació Emma, mi Mini mí.

Todas esas 12 horas de labor de parto valieron la pena cada segundo cuando vi a mi pequeña por primera vez. Tenía una boquita que succionaba con mucha fuerza y unos ojitos que no dejaban de mirarme fijamente, fue ahí cuando me di cuenta que nunca me había enamorado en mi vida hasta ese momento. 

Ha pasado un año y 10 meses desde entonces, y no hay día que no agradezca porque Emma me escogió como su mamá. 

New call-to-action